Contextos

El papel de la educación en la construcción de un mundo mejor ha sido reconocido desde hace mucho tiempo en todo el mundo. Entre las múltiples declaraciones sobre el propósito que debe guiar la educación de nuestro tiempo, una de las más autorizadas es la de la Unesco, entidad creada precisamente para establecer las pautas globales. Su directora actual, Irina Bokova, lo ha formulado en los siguientes términos:

La escolarización y la educación formal son esenciales, pero debemos ampliar las miras y fomentar el aprendizaje a lo largo de toda la vida. Lograr que las niñas cursen la enseñanza primaria es fundamental, pero debemos seguir ayudándolas durante toda la enseñanza secundaria y después de ella. Debemos centrarnos aún más en los docentes y los educadores como factores de cambio en general.

No existe una fuerza transformadora más poderosa que la educación para promover los derechos humanos y la dignidad, erradicar la pobreza y lograr la sostenibilidad, construir un futuro mejor para todos, basado en la igualdad de derechos y la justicia social, el respeto de la diversidad cultural, la solidaridad internacional y la responsabilidad compartida, aspiraciones que constituyen aspectos fundamentales de nuestra humanidad común.

¿Qué ha hecho la educación para que no ocurra todo esto? ¿En qué ha contribuido el “aprendizaje” del que habla la directora de la Unesco a mitigar esta realidad que, por lo demás, los medios reflejan pálidamente? Si no hay avance alguno, si todo empeora, ¿qué responsabilidad le cabe a la educación, que es concebida como la fuerza transformadora más poderosa?

Con la conciencia de que las respuestas para estas preguntas ameritan un arduo trabajo de investigación, parece ser que, dadas las circunstancias, por lo menos habrá que ajustar el papel que se le concede a la educación a sus debidas proporciones. Pero, tan o más importante aun, confrontar esta supuesta cualidad transformadora de la realidad con su cualidad perpetuadora del statu quo.

Para abordar la discusión planteada, habría que aclarar mínimamente a qué educación se refieren Irina Bokova y todos los que con ella afirman que la educación es “una fuerza transformadora”. ¿Es toda la educación transformadora? ¿Tienen todas las educaciones ese poder? Sin duda, ni Bokova ni nadie se refiere a un método educativo concreto; se trata más bien de una filosofía, del espíritu de la educación. Aunque esta aclaración no resuelve nuestro problema, nos plantea una perspectiva en la que queremos situar las reflexiones y discusiones de este blog de Pedagogía Dialogante. Los diversos documentos que publicaremos se sitúan en este contexto general y, a partir del mismo, buscan contribuir al desarrollo de la educación en nuestro país. Además del contexto universal, continental y nacional en el que inscribimos nuestras reflexiones, hay que considerar las emergencias a las que procuraremos responder inmediatamente con el fin de ofrecer un panorama amplio de los asuntos educativos.

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