De nada sirve el bilingüismo sin buena educación

Poco consiguen los esfuerzos del Ministerio de Educación para que los estudiantes de Colombia aprendan inglés si estos ni siquiera alcanzan los niveles básicos de comprensión de lectura  o de desarrollo en sus competencias éticas.

Julián de Zubiría Samper*

¿Do you speak English?

Hay un consenso casi generalizado entre la población mundial sobre la conveniencia de adoptar el bilingüismo como política educativa. El inglés es una lengua universal y no hablarla, escribirla, entenderla y leerla (piensa la mayoría) deja a los trabajadores en una situación de desventaja frente a quienes sí logran su dominio. De allí que (sostienen) sea indispensable que un joven que aspire a ascender, viajar y proyectarse nacional e internacionalmente, domine esa lengua.

No es de extrañar por eso que el Ministerio de Educación Nacional (MEN) haya adoptado el bilingüismo como política desde el 2004 y que lo haya venido reforzando de manera  periódica. Tampoco extraña que en las últimas semanas la ministra de Educación Gina Parody haya enviado tantos tuits sobre los 3.000 jóvenes, rectores y padres que viajarán a programas de inmersión o a los docentes angloparlantes que llegaron a Colombia para fortalecer el segundo idioma de los jóvenes de los colegios públicos.

Para aprender dos lenguas de manera simultánea, múltiples elementos de la cultura deben ser bilingües.

Esta tesis es muy popular y benéfica para la imagen pública de quienes la impulsan, pero muy costosa y muy poco efectiva para mejorar la calidad de la educación nacional. Desafortunadamente los promotores del bilingüismo no tienen en cuenta el bajísimo nivel alcanzado hasta el momento por nuestros estudiantes en el desarrollo de sus competencias cognitivas, comunicativas y ciudadanas. Tampoco ven que para aprender dos lenguas de manera simultánea, múltiples elementos de la cultura deben ser bilingües, como sucede en Europa, pero no en América Latina.

En un país que, según las mediciones nacionales e internacionales, alcanza niveles tan bajos en competencias comunicativas, cognitivas y ciudadanas, no parece adecuada la insistencia del Ministerio en fortalecer el bilingüismo. Antes que eso, hay que garantizar la consolidación de otras competencias transversales esenciales en la vida.

No sabemos leer

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Estudiantes del Colegio Distrital Palmerola de la localidad de Teusaquillo en Bogotá. Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Según el informe mundial PISA para el año 2012, en Colombia solo tres de cada mil jóvenes de quince años de edad alcanzan el nivel más alto de comprensión lectora: la lectura crítica. Después de diez años de escolaridad, hay un retraso generalizado en la comprensión de textos breves y sencillos, y la mitad de los jóvenes leen y entienden en su lengua nativa a esa edad como si tuvieran 7 años. La conclusión es dramática: el sistema educativo sigue retrasando los procesos de pensamiento y de comunicación de niños y de jóvenes.

Los resultados obtenidos por nuestros estudiantes en las pruebas nacionales muestran un panorama más grave todavía. Entre los egresados de la educación media en 2014, menos del 1 por ciento llega a un nivel alto en argumentación y lenguaje, y menos del 2 por ciento alcanza ese nivel en competencias interpretativas.

Aprender una lengua es aprender una lógica y una manera de pensar, de organizar y de comunicar ideas. De lo cual se colige que todos los esfuerzos para que los estudiantes de los colegios públicos dominen una segunda lengua fracasaran mientras no se trabaje de manera adecuada la relación pensamiento-lenguaje.

No somos ciudadanos

Para apreciar la situación entre los colombianos del común, bastaría con revisar las opiniones que abundan en las secciones de “comentarios del lector”, en las redes virtuales, en las conversaciones callejeras o en los escenarios públicos, para darse cuenta de la urgencia de reconstruir el tejido social y de fortalecer la confianza, la solidaridad, la tolerancia y el respeto por la diferencia.

Hoy, cerca del 60 por ciento de los estudiantes de 5º y 9º grado expresan en las pruebas de competencias ciudadanas que no sienten pesar cuando han maltratado a otras personas.

Lo que es más grave: la mitad de las personas asesinadas en Colombia en el año 2014 conocían previamente a sus asesinos, ya que eran sus esposos, familiares, compañeros o vecinos. Estas personas fueron asesinadas mientras compartían con ellos debido, entre otras cosas, a los altísimos niveles de intolerancia y polarización (impulsadas desde las más altas esferas nacionales, incluso por expresidentes) que hoy dominan el debate político, social, deportivo y mediático en Colombia.

Aprender una lengua es aprender una lógica y una manera de pensar, de organizar y de comunicar ideas.

Esta es la herencia más triste de la convivencia con la mafia y de la guerra en la que hemos vivido las tres últimas generaciones de colombianos.

Por eso no debería sorprendernos que en los estudios de cultura ciudadana dirigidos por Antanas Mockus, uno de cada tres estudiantes bogotanos responda francamente que el o ella anteponen el interés personal al bien común. En las zonas históricamente afectadas por el conflicto armado, la mitad de los jóvenes dicen que actuarían siempre en defensa exclusiva de sí mismos.

Definir prioridades

Estudiantes de bachillerato presentan las pruebas PISA. Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Estudiantes de bachillerato presentan las pruebas PISA.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Educar es, en esencia, elegir. Como hay miles de propósitos por abordar, la tarea más importante y compleja de la educación es determinar cuáles serán los fines y propósitos que como sociedad consideramos prioritarios y en cuáles hemos de  empeñarnos para que sean alcanzados por los estudiantes sin distingo de raza, clase social, región o religión.

La pregunta esencial es definir qué tendrían que aprender nuestros jóvenes en la educación básica. La respuesta es bastante sencilla: los jóvenes deberían desarrollar altos niveles de pensamiento, competencias comunicativas y competencias ciudadanas. Todo lo demás es impertinente frente a estas prioridades. Por eso se llama educación básica.

Hoy sabemos que en Colombia estamos muy lejos de lograrlo. Y no lo estamos logrando porque nos hemos equivocado al querer alcanzar otros fines menos pertinentes. Uno de esos fines es esperar que quienes todavía no dominan las competencias básicas y transversales para pensar, comunicarnos y convivir, logren dominar una segunda lengua.

La conclusión es obvia: la educación es demasiado importante en una sociedad para que los políticos sigan tomando las decisiones principales, ya que cuando las toman, suelen defender sus intereses y no los de la nación. Así hablen inglés.

* Consultor en educación de Naciones Unidas para Colombia, cofundador y director del Instituto Alberto Merani.

Tomado de: www.razonpublica.com

11 Comments

  1. Paula Rua dice:

    … De manera solapada lo que Parody está haciendo es pagarle a muchas de estas personas para que hagan turismo a expensas de la educación de nuestros estudiantes, pues en su mayoría carecen de estudios y experiencia previa en docencia… prefiere pagarle a un aventurero que costear postgrados de calidad en la enseñanza de las lenguas extranjeras

  2. Gracias por republicar, pero somos razonpublica.com

  3. Gabriel Contreras dice:

    Que poca visión la de este artículo. Faltan las principales razones por lo que aprender inglés se debe considerar. La mayoría de publicaciones científicas y de temas de actualidad se escriben en ese idioma; Internet se edita en inglés; los negocios internacionales se hacen también en inglés; muchas de las becas exigen el uso de ese idioma pero no es por capricho, varios cursos se dan en inglés ya que se comparte con personas de todo el mundo, además que la bibliografía está en ese idioma también.
    Por otro lado, el aprendizaje de otro idioma, implica también aprender otras culturas, algo que este señor podría ver como una forma de culturizar a las personas. Hay también investigaciones acerca de los beneficios que tiene aprender una segunda lengua que impactan sobre el fortalecimiento de la primera. Una de las competencias básicas de las que habla es la comunicativa; ¿para qué es el inglés sino para comunicarnos?
    En algo estoy de acuerdo y es que las políticas educativas no deberías ser tajadas políticas como lo que hace la ministra de traer extranjeros (varios no son angloparlantes nativos ni docentes) en lugar de invertir en los docentes locales que de seguro tendría un mayor impacto.

    • GERARDO ANDRADE dice:

      No hay duda de que aprender inglés es importante. Todas las razones que usted aporta son válidas. Claro, importantes artículos científicos se publican en inglés, los negocios se hacen en esa lengua, etc. Pero nuestro déficit en ciencia, en administración de negocios y en tantas otras materias no se debe a que no aprendimos inglés. El problema es que no aprendimos a pensar, a comunicarnos y a convivir; eso es lo que deberíamos aprender en la educación básica. A ese propósito deberían orientarse todos nuestros esfuerzos. Es un asunto de prioridades.

    • Ariel Cadena dice:

      Respetado Sr. Contreras, creo que el problema no es “falta de visión” del artículo o del Dr. de Zubiría, sino de comprensión lectora de su parte; en ninguna de las frases del texto se niega la importancia de aprender inglés (u otras lenguas diferentes al español), ni tampoco su importancia en la vida moderna. Lo que claramente presenta este documento es la importancia de priorizar el desarrollo de competencias lectoras, la cual mejoraría el desempeño académico y profesional de nuestra sociedad (incluso me atrevo a afirmar que también haría de cada uno un mejor ciudadano). Considero que quienes están haciendo uso y generando la literatura científica que usted menciona, no solo lo están haciendo porque saben inglés, sino porque han logrado desarrollar otras habilidades que les permiten crear el nuevo conocimiento que ella presenta.

    • Aura dice:

      No se trata de no aprender otra lengua, se trata de enseñar de manera acertada y firme el manejo de un idioma. De qué le sirve leer publicaciones científicas (en cualquier idioma) si no logra entenderse; como por ejemplo, este mismo artículo que no dice que no se aprenda, sino de aprender como es.

  4. Totalmente de acuerdo con el Dr. de Zubiría. El MEN le está apostando al bilinguismo, sin tener en cuenta nuestra realidad y las consecuencias que ya estamos viviendo en los adultos jóvenes, – producto de una “educación” caótica y basada en modelos no comprobados-, quienes carecen de valores, criticidad y capacidad de raciocinio, entre otras cosas, y sin embargo ostentan títulos profesionales y de post grado. Su comportamiento y actitudes dejan mucho que desear y la manera de enfrentar al mundo en la mayoría de los casos carece de ética, honradez, capacidad de trabajo, convivencia y tolerancia. Sus proyectos de vida distan mucho de ser los adecuados pra alcanzar el equilibrio y la felicidad respetando a los demás y al entorno.

  5. […] Blog de Pedagogia Dialogante – Reflexiones sobre la educación en Colombia por Julián De Zubiría  […]

  6. Mauricio Calderón dice:

    La persona que escribió este artículo de seguro sufre algún tipo de aversión por el bilingüismo. La relación pensamiento-lenguaje se potencia y evoluciona más rápido en personas bilingües que en personas que solo hablan una lengua. Este artículo es una apología a la mediocridad nacional.

    • GERARDO ANDRADE dice:

      Sería muy bueno conocer las investigaciones que demuestran que “la relación pensamiento-lenguaje se potencia y evoluciona más rápido en personas bilingües que en personas que solo hablan una lengua”, como usted lo afirma. Por otro lado, su afirmación de que el autor “seguro sufre algún tipo de aversión…” no es más que un argumento ad hominem que busca descalificar. No tiene sentido que la discusión tome ese camino; es más, es lo peor que puede pasar en un país donde, debido precisamente a esa lógica, hemos llegado a niveles extremos de intolerancia.”Tú me descalificas, yo te descalifico, nosotros nos matamos”. Finalmente, tengo serias dudas de que la “mediocridad nacional” del país se deba a que no somos bilingües. ¿Le parece mal que en educación le demos prioridad a aprender a pensar, convivir y comunicarnos? ¿La mediocridad no se deberá en buena parte a los índices de bajos niveles de lectura crítica y pensamiento que revelan las pruebas e investigaciones sobre el tema en Colombia? Hemos sostenido durante casi 30 años una innovación pedagógica que ha alcanzado las metas que se había propuesto en respuesta, justamente, a los problemas más graves que afectaban –y aún afectan– la educación colombiana. ¿Podríamos conocer aportes suyos que tengan como base la premisa de que “la relación pensamiento-lenguaje se potencia y evoluciona más rápido en personas bilingües”? No le quepa duda de que los acogeríamos.

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