Educación en Bogotá: lo que falta

Las políticas educativas en la capital han sido ejemplares en la última década. Sin embargo, hay algunos saldos en rojo que todavía están por subsanar. La calidad y la construcción de nuevos colegios, entre los más apremiantes.

Por: Ángel Pérez Martínez*

Avances

La Secretaría de Educación Distrital (SED) ha logrado grandes avances en la educación en Bogotá entre 2004 y 2015. Entre los más importantes están:

  1. Bogotá dio prioridad al gasto en educación. Desde 2004 la ciudad aumentó la inversión en este rubro hasta alcanzar en 2015 más de 3,5 millones de pesos anuales por estudiante. Por su parte, el gasto promedio por estudiante del país fue 2,6 millones de pesos, aunque en territorios como Soacha, Tumaco, Buenaventura y Jamundí el promedio fue de 2 millones. Además, los estudiantes del programa 40 x 40 tuvieron un costo superior a 4 millones de pesos por año.
  2. La SED construyó 45 colegios nuevos que permitieron ampliar y mejorar las condiciones de la oferta oficial con más de 150.000 cupos nuevos en doble jornada escolar.
  3. La ciudad reconstruyó, mejoró y reforzó más de 300 colegios viejos, a los cuales asisten hoy más de 300.000 niños y jóvenes.
  4. La Secretaría amplió la planta de docentes. En 2004 la planta estaba integrada por 22.000 maestros y hoy tiene cerca de 32.000, de los cuales 30.000 son docentes, mientras el resto son coordinadores, directores, rectores y supervisores. Además, Bogotá acabó desde 2004 las órdenes de prestación de servicios por diez meses de cerca de 2.000 docentes que no tenían ningún tipo de protección social.
  5. La SED financia estudios de maestrías o doctorados para más de 6.000 docentes de los colegios oficiales.
  6. Bogotá estableció la gratuidad de la educación básica y media, proceso que se inició en el año 2005 con preescolar y primaria. Siguiendo el ejemplo de Bogotá, el gobierno nacional estableció la gratuidad en la educación básica y media desde 2009.
  7. La SED mejoró la alimentación escolar, que pasó de servir a 192.000 estudiantes a hacerlo para más de 700.000, que hoy reciben más del 30 por ciento de sus necesidades nutricionales diarias. Este programa ha contado con la colaboración de entidades como Cafam, Compensar y la asesoría de la Universidad Nacional, lo cual ha garantizado la transparencia y calidad.
  8. La Secretaría avanzó en la dotación de los colegios con bibliotecas, computadores y laboratorios. Asimismo, todas las instituciones escolares están conectadas a internet y en los últimos años se aumentó la velocidad y capacidad de dichas conexiones.
  9. Los colegios oficiales han mejorado sus resultados en las pruebas SABER. Por ejemplo el porcentaje de estos que estuvieron en la categoría alta, superior o muy superior en SABER 11 entre los años 2006 y 2011 pasó del 16 al 59 por ciento. Al final de 2014 más del 60 por ciento de los colegios distritales estaban en este nivel.

Los retos del nuevo gobierno

Sin embargo el sistema educativo público aún no logra romper las diferencias económicas que juegan contra los niños y jóvenes más pobres de la ciudad y que actúan a través de la menor cobertura educativa y la mayor deserción escolar.

La capital es la ciudad con más educación básica y media privada del país.

Por eso, además de mantener los programas de alimentación escolar, transporte, gratuidad y formación de docentes, Bogotá requiere ampliar la cobertura, avanzar en el acceso de los niños de 4 años al grado jardín en los colegios oficiales, mejorar la calidad de la educación, empezar en serio la jornada única escolar y, sobre todo, construir colegios nuevos.

En Bogotá se necesita más educación pública pues más del 18 por ciento de las familias que  pertenecen a los estratos 1, 2 y 3 todavía pagan por la educación de sus hijos. La capital es la ciudad con más educación básica y media privada del país. En ella la participación de la matrícula privada en 2014 alcanzó el 37 por ciento, mientras que en otras ciudades esta participación fue más baja:

– Bucaramanga, 29 por ciento,

– Cali, 28 por ciento,

– Manizales, 22 por ciento,

– Barranquilla, 20 por ciento,

– Medellín 16 por ciento,

– Y el promedio nacional fue del 16 por ciento.

Además de ampliar la cobertura, Bogotá debe revertir la tendencia a la baja de la tasa de asistencia escolar. Recordemos que en el gobierno de Gustavo Petro disminuyó la tasa de asistencia escolar para la población entre 5 y 15 años, como se puede observar en el siguiente cuadro. La situación es alarmante en sitios como Ciudad Bolívar, donde la asistencia disminuyó en promedio 5 puntos.

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Además en Bogotá aún no está claro quién atiende a los niños menores de cinco años: ¿la SED? ¿El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar? ¿La Secretaría de Integración Social?

La mayoría de colegios oficiales ofrecen un único grado (transición) en preescolar a los niños de cinco años. Pero la evidencia indica que la calidad de la educación arranca en los grados de preescolar, por lo cual Bogotá debe subir la matrícula en por lo menos 40.000 nuevos cupos para los niños de cuatro años, de tal forma que completen cerca de 55.000 niños en el grado de jardín.

Si esto se hace sería una señal clara sobre las políticas de calidad de la educación para los niños pobres, aclararía las responsabilidades institucionales y, sobre todo, les informaría a los padres de familia qué hacer con los niños antes de los cuatro años y después.

La calidad y los colegios oficiales

El experto en educación Julián de Zubiría sostiene que “pese a duplicar el presupuesto en educación y a contar con las mejores condiciones humanas, económicas y materiales, de los 100 mejores colegios públicos del país sólo cuatro están en Bogotá. Así mismo, en las pruebas SABER de competencias ciudadanas de 2014, el mejor colegio público de la capital aparece en el lugar 410. No parecen cifras para ver con optimismo la calidad de la educación en el Distrito (y no hago referencia a las de comprensión lectura, que son muchísimo más preocupantes)”.

Lamentablemente, Bogotá abandonó la propuesta pedagógica y de reorganización de la educación por ciclos que empezó a desarrollarse bajo el Secretario y profesor Abel Rodríguez, la cual tenía la enorme ventaja de pensar el proceso educativo con relación al desarrollo mental y físico de los estudiantes. Además, y esto fue lo más importante, la organización por ciclos educativos propuso a los docentes una amplia discusión sobre su campo de acción y sobre cómo trabajar dentro del aula y el colegio.

La SED y el Ministerio de Educación deben entender que para avanzar en la calidad, además de garantizar mejores condiciones, los colegios deben consolidar un proyecto educativo y pedagógico que lleve a la consecuente reflexión de los docentes sobre cómo realizar mejores prácticas en el aula. Sin mejorar la enseñanza no podrá haber calidad.

Bogotá necesita por lo menos 100 nuevos colegios.

Bogotá debería también ser el territorio modelo de la jornada única en el país. La jornada única debe tener el propósito de desarrollar colegios oficiales similares a los mejores privados de la ciudad, los cuales se caracterizan por tener un equipo de profesores bien pagado, un currículo único, un sistema de evaluación y un proceso permanente de apoyo a los estudiantes para que no se atrasen, así como programas que vinculan a los padres de familia.

La SED necesita ponerse de acuerdo con los docentes para iniciar este proceso, que en principio deberá planearse por lo menos hasta el año 2030. Si la ciudad quiere una jornada única modelo, el gobierno actual no puede comprometerse con más de 100 colegios, dados los problemas de infraestructura. Por ende la política debe ser de largo plazo y dependerá en esencia de la capacidad de la ciudad para construir colegios nuevos.

En el corto plazo, para atender la demanda de la jornada única, Bogotá necesita por lo menos 100 nuevos colegios. Los colegios oficiales en Bogotá tienen más de 2.000 estudiantes en promedio, y algunos de ellos tienen 35, 40 o más estudiantes por aula. Esto plantea retos enormes en construcción de nuevos colegios para la jornada única; pero este tipo de programas también podrían ayudar a la generación de empleo y a la reactivación de la economía.

Además, dadas las condiciones socioeconómicas y el escaso acompañamiento de los padres de familia, se necesitan instituciones escolares de menos de 1.000 estudiantes (en los países de la OCDE los colegios tienen en promedio menos de 600 estudiantes).

La nueva administración ha propuesto construir 30 colegios nuevos, los cuales escasamente atenderán la demanda de los nuevos asentamientos urbanos. Sin duda, se necesita más gestión y decisión en favor de los niños más pobres de la ciudad.

La administración de Bogotá debe ser consciente que empieza con un atraso de 40 colegios que no se construyeron en las administraciones de Moreno y Petro, según lo acordado en el plan de equipamiento educativo que hace parte del Plan de Ordenamiento Territorial (construir por lo menos 20 colegios por gobierno durante los próximos 20 años).

* Profesor y asesor en temas educativos.

Tomando de: www.razonpublica.com

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