LA DIFERENCIA ENTRE ENSEÑAR Y DESARROLLAR

En el siguiente artículo, el profesor ecuatoriano José Brito presenta un análisis de los componentes de la formación humana.

Por: José Guillermo Brito Albuja[i]

 

Somos plenamente humanos

cuando los demás nos contagian

su humanidad a propósito…

Y con nuestra complicidad.”

Fernando Savater

 

Entendemos que una auténtica formación humana es una valiosísima actividad intencional y artificial, contranatural, en la medida que queda determinada por la interactividad de la enseñanza y del aprehendizaje.

La enseñanza es la actividad del profesor y corresponde a la organización, adecuación y selección pertinente de los objetos de aprehendizaje (simbólicos abstractos, generales y complejos productos de la actividad intelectual socio-histórica de la humanidad).

El maestro formula una “interactividad intencionada”, hay objetivos prefijados que orientan la organización, adecuación y selección pertinente del objeto de estudio (de enseñanza y aprehendizaje) y de su secuencia, evaluación, didácticas, recursos, modalidades y escenarios. La enseñanza debe crear la necesidad de trabajar según los objetivos y  poner los medios para conseguirlos.

La enseñanza que el maestro planifica y realiza en un escenario de intervención pedagógica tiene repercusiones en el aprehendizaje y desarrollo de los estudiantes.

El aprehendizaje es la actividad del estudiante. Comprehende el proceso desde la experiencia social a la experiencia individual. Presupone la actividad del sujeto para la interiorización o asimilación de la experiencia social que se organiza de manera determinada y se ofrece al estudiante con la mediación del maestro. El aprendizaje es un proceso que compartimos con los animales y es fruto de la experiencia directa –empírica–, sin mediación, adquirida de manera individual, generalmente en forma de saber[1].  Mientras que el aprehendizaje implica conocimiento.

Solo una experiencia de aprehendizaje mediado, EAM, –interactividad de enseñanza-aprehendizaje–, genera una “experiencia formativa humana”. Existe formación cuando el estudiante aprehende, asimila significativamente algo de lo enseñado. Luego, la enseñanza constituye el género próximo de formación –no toda enseñanza genera formación o la formación se produce cuando la enseñanza genera aprehendizaje–.

Si se ha producido que algo de la enseñanza sea aprehendido (el mejor de los maestros solo propone enseñar, pero es el aprehendiz quien debe siempre realizar la actividad genial de aprehender[2]), no solo se incrementará cuantitativa y cualitativamente su memoria significativa –a largo plazo o semántica– sino, algo mucho más importante, la enseñanza deberá lograr que el estudiante sea capaz de realizar nuevas actividades de explicación, transfiguración y transformación de la realidad. Habrá adquirido nuevas capacidades, se habrá desarrollado. Estamos en el ámbito de los resultados del aprehendizaje y del de las competencias.

El desarrollo –“ser competente para”– depende del aprehendizaje y nos permite establecer el estado de idoneidad de lo que un sujeto es capaz de realizar en un determinado contexto y en forma autónoma. Constituye la integración de aprehendizajes en la realización de actividades explicativas, transfigurativas y transformadoras de la realidad. Demuestra el impacto de la enseñanza en la formación por medio del aprehendizaje. Implica relacionar una serie de actividades del pasado, con el presente y con el futuro; posibilita al estudiante la aplicación y transferencia de lo aprehendido en la resolución de problemas. Por lo tanto, es el desarrollo,  la auténtica finalidad de una experiencia formativa humana.

Los propósitos son los resultados que se espera que consigan los estudiantes como consecuencia de un proceso (ruta e itinerario) de enseñanza y aprehendizaje. Resultados de aprehendizaje y competencias constituyen diferentes niveles de desarrollo, causa y auténtica finalidad de un proceso de intervención pedagógica.

Las competencias pueden ser consideradas los propósitos terminales, el horizonte valioso de formación que se estima deseable para la formación y realización humana. Constituyen el nivel de desarrollo humano que cada estudiante como persona puede y debe alcanzar.

La competencia –el propósito pedagógico integral de formación– es la previsión inicial del desarrollo que nos proponemos alcanzar como resultado de nuestra intervención pedagógica o experiencia de aprehendizaje mediado, al término de un ciclo, ruta e itinerario pedagógico-curricular.

Las competencias son propósitos que constituyen una propuesta orientadora, clara y explícita que contribuye y justifica la toma y puesta en práctica de las decisiones más adecuadas y pertinentes que proceden para la enseñanza, el aprehendizaje y desarrollo. Nos conectan de manera pertinente con el contexto. Implican el acuerdo o contrato entre la institución educativa y la sociedad.

Las competencias como fines formativos –a diferencia de los resultados de aprehendizaje­– son directrices bastante más generales que coadyuvan a clarificar las actividades pedagógicas, configuran la base formativa y aportan los ideales de realización humana y social a los que hemos de proyectarnos. Implican asumir una postura institucionalizada respecto a los valores y estilos reflexivos, afectivos y praxitivos de los seres humanos y la comunidad en que ejercitan su actividad profesional y ciudadana. Son formas justificadas e integrales de pensar, sentir y actuar, concepciones y creencias en torno a la enseñanza, el aprehendizaje y el currículo, perspectivas científicas y filosóficas de la institucionalidad que forma el ser humano, la sociedad y el futuro.

José Guillermo Brito Albuja
PEDAGOGO ECUATORIANO
jgbritoa@gmail.com

 

[1] Como ejemplo, la experiencia que nos deja “saborear” el lulo o la naranjilla. No hay otra manera de saber a qué sabe el lulo o naranjilla que no pase por la experiencia directa de apreciar su sabor. Esto es saber porque, tampoco hay manera de volverlo conocimiento trasmisible lingüísticamente. Esta falta de discriminación entre aprendizaje y aprehendizaje conlleva graves errores a la hora de optar por una manera de enseñar. Además, la mayoría de los saberes, se transmiten de manera genética y otros tantos se adquieren en forma empírica como, la que hemos mencionado anteriormente. Y nótese la etimología, muy cercana, de sabor y saber.

[2] Parafraseando a Savater.

[i] José Guillermo Brito Albuja

1 Comment

  1. Es importante en la mediación reconocer los estilos de aprendizaje, la creatividad del aprendiz, el estilo de enseñanza del mediador.

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