Ni terroristas, ni corruptos, ¿por qué se sigue estigmatizando a las universidades?

Carlos Gustavo Arrieta, abogado de la universidad de Los Andes y ex procurador General de la Nación, y Julián de Zubiría, economista de la Nacional y director del Instituto Alberto Merani, reflexionan sobre los estereotipos que rondan las universidades.

La Policía capturó y envío a prisión a nueve personas presuntamente responsables de perpetrar el atentado del sábado 17 de julio en el Centro Comercial Andino, en Bogotá, que dejó como balance tres mujeres muertas y otras tantas heridas.

Entre los detenidos, hay varias egresadas de la Universidad Nacional. El tratamiento que le han dado los medios de comunicación a la vinculación de estas personas con la universidad pública desató una ola de repulsa entre los egresados y estudiantes que salieron a defender en las redes sociales que la Nacional “no es un foco de operaciones de grupos guerrilleros”.

Desde que saltó la noticia, Ignacio Mantilla, rector de la Nacional, ha sido una de las voces más críticas con esta vinculación: “La Nacional no tiene responsabilidad en las actuaciones de los egresados cuando no están en el ejercicio profesional para el que se les formó. No creo que podamos evitar que un egresado tenga una actuación negativa”, indicó a Semana Educación.

Días después del atentado y al tiempo que se sucedían en las redes sociales los comentarios que rechazaban esta “estigmatización de las públicas”, la mayoría bajo el hashtag #LaUNSeRespeta, empezó a surgir un tipo de discurso diferente que, a modo de defensa, también buscó difamar a otras universidades, especialmente a las privadas.

El ejemplo más claro es un tuit que difundió una reconocida periodista colombiana en su cuenta personal en el que se podía leer lo siguiente: “La abogada de la Nacional? Pero no dicen el ladrón de los Andes, el corrupto del Rosario, el pedófilo de la Javeriana, el narco de la Sabana”.

El propio Mantilla también se refirió a este hecho y tachó de irresponsables de los medios de quienes aseguró que, por el afán de la información, “dicen cosas indebidas” y “parece que exigieran clasificar los delitos y a los delincuentes por universidades”. Finalmente, hizo un llamado a las instituciones de educación superior, tanto públicas como privadas, para que dejen esa tendencia de acusarse mutuamente por las acciones de sus estudiantes y egresados: “Tenemos un compromiso de cooperar antes que competir. Ninguna es responsables de los actos de los jóvenes matriculados fuera del ámbito académico”.

¿De dónde vienen los estereotipos?

Según el egresado y decano de la universidad Nacional, Fabián Sanabria, “existen imaginarios muy negativos que han sido nutridos, a veces de manera intencional, por quienes tienen intereses ocultos en detrimento de la universidad pública”. Para él, el hecho de que haya en las instituciones personas en su mayoría de estratos no tan favorecidos socioeconómicamente no quiere decir que en ellas se genere un “revanchismo social” contra el resto de sociedad.

 

De acuerdo con el sociólogo, quien tiene un doctorado en París, el país debe superar ese pulso entre universidades privadas y oficiales. “Las instituciones públicas se han caracterizado siempre por promover un pensamiento crítico respecto al statu quo y el orden establecido”. Sin embargo, aclara, esto no significa que no haya habido problemas de orden público al interior de las universidades. Este hecho es el que provoca que, según él, se mantenga la creencia de que lo público no sirve. Sanabria reconoce que dentro de las instituciones de educación superior públicas “hay infiltrados”, pero no por ello se debe generalizar.

Para Daniel Ortega, sociólogo egresado de la Nacional, estos estereotipos se han generado por dos razones principales. En primer lugar por la confrontación política que caracteriza a Colombia y que induce a que se persiga el pensamiento diferente, de izquierda, que prolifera en las universidades públicas. “Por eso la sociedad, y en particular las elites políticas y los medios de comunicación, refuerzan esa idea desde hace mucho tiempo”, señala.

La segunda razón, en la que coincide Ortega con Sanabria, es la existencia de grupos de estudiantes que se camuflan en las universidades y generan actos de violencia en las marchas y plantones.

¿Y las universidades privadas?

Esta actitud no es aislada, ni dirigida en exclusiva contra las instituciones oficiales. Los Andes, la Javeriana, el Rosario y la Sabana también han sido presa de este tipo de estigmas.

Uno de los principales ejemplos es el caso de la muerte de Luis Andrés Colmenares. La atención nacional se concentró en la historia, no solo por la tragedia que envolvía sino porque sus protagonistas eran estudiantes de la Universidad de Los Andes.  Aunque muchos de los memes no estaban directamente relacionadas con la universidad, algunos egresados de la Facultad de Ingeniería aseguran a Semana Educación que sí se sintieron discriminados por este hecho.

Los Andes también ha sido señalada por hechos de corrupción en los que han estado implicados sus egresados. Es el caso de Sabas Pretelt de la Vega, condenado por la justicia colombiana a 6 años 8 meses de prisión por ofrecer prebendas a cambio del voto que consagró la reelección presidencial en Colombia, o Andrés Felipe Arias, economista de los Andes, condenado a 17 años de cárcel por Agro Ingreso Seguro.

De acuerdo con Sanabria, estos comportamientos obedecen a una lógica revanchista. “No tiene ningún fundamento que desde las universidades privadas haya gente que diga que en las públicas se forman terroristas, del mismo modo que no es lógico que desde las públicas se diga que en las privadas se enseña a robar y a ser corrupto. Cada caso debe tratarse de manera aislada”, concluyó.

Tomado de: www.semana.com

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